Vivir sola es, a la vez, una opción y una circunstancia. Yo nunca me plantee vivir sola: se dio de esta manera, porque mis hermanas se casaron y se fueron a vivir a otra parte. Así que esta es una opción que no me gusta. Porque es difícil vivir sola. Por ejemplo, el tema de la seguridad personal es un asunto que se torna complicado. Gracias a Dios, jamás tuve problemas: tengo un Ángel de la Guarda para ello. Pero volver del trabajo tarde es todo un tema, siempre.
A la vez, toda la responsabilidad de la casa es de una. Por ejemplo, hace un par de semanas me di conque tenía una fuga de gas en un caño del calefón. Lo notó el portero: sino, no contaba el cuento.
Claro que vivir sola también tiene ventajas. La primera es que podés establecerlo absolutamente todo: los hábitos de alimentación, de higiene, el uso del teléfono, quién viene a visitarte, quién no, con quién compartir el tiempo... Eso es una situación cotidiana.
No estoy siempre sola. Tampoco duermo sola todo el tiempo. Vienen mis amigas, mis hermanas, mi madre, mi novio. Pero todos los gastos corren por cuenta de uno. Por ejemplo, cuando vengo tarde de mi trabajo, no hay nadie que haya sacado la basura, que se acumula con la del día siguiente. Otro tema es enfermarse: eso hace que una se sienta muy sola.
Entre los mejores amigos del que vive solo, el segundo es el delivery de comida. El primero es internet. Generalmente, estoy conectada todo el tiempo, con webcam. Muchas veces cocino mientras converso con mi novio, o con una prima que vive en los EE.UU. Vivir sola me permitió recuperar ese contacto con mi prima porque estoy más pendiente de cosas a las que antes no le daba importancia.
También me permite manejar el silencio, el ruido y hasta el lado de la cama donde quiero dormir.
La contra es que uno se mal acostumbra. Y si bien no me volví intolerante, si me torné más exquisita: el control remoto, la computadora y el teléfono son míos.
La anécdota: visitar a un amigo que vivía solo y que tenía una sola silla y una sola taza. De eso te das cuenta solamente cuando viene otra persona. Yo no tengo sólo una taza, pero tengo apenas dos.